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Diary of a pseudo-broke girl

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There are times in a girl’s life, when the shopaholic brat, inside of her, blinds her choices and rules her actions. As a fashion lover, I can’t deny it, that part of me, wants to get its way more times than I can recall, but I tend to be very rational about it. Nevertheless, I am still only human.

When I opened my latest bank statement it felt like a punch to my gut. It left me panting for air. I was walking on Rebecca Bloomwood’s fuchsia furry boots, and it didn’t feel good. My eyes scrolled down the stiff paper trying to take in every number. There was no mistake. I could account for every figure on the statement.

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Auténticos de carne y hueso

giphy

En las últimas semanas, -y hasta que desconecté el setting de notificación-, mi celular no ha parado de vibrar emocionado con avisos de “So & so started a live video. Watch it before it ends!“. Aún más, ayer la nueva actualización de Whatsapp, causó revuelo. Ya no basta con una foto de perfil, ahora también tenemos “Whatsapp stories”. Está claro: vivimos bajo la tiranía de la imagen. Un reinado despótico que nos ha convertido en seres dependientes y temerosos.

En una sociedad que rechaza las adicciones, nos hemos vuelto adictos a la imagen. Con ellas, hemos entablado una relación de amor traicionero. Por un lado, una imagen nos transporta, nos une, nos envuelve; por otro, nos ata, nos engaña, nos esclaviza.

Una sociedad insegura

El otro día, leyendo un libro me chocó fuertemente una frase que decía: “Una persona insegura de sí misma busca su seguridad en la aceptación social”. Al principio, pensé “qué triste situación”, mas acto seguido, realicé que incluso yo, que me jacto de poseer un alta autoestima, he sido víctima de tales inseguridades. No me digan que, al subir una fotografía a Instagram (IG), no esperan con punzante ansiedad que empiece el frenesí de likes y comentarios. Y si no llega, ¡qué gran decepción! Hace un tiempo, La hermana pequeña de mi mejor amiga le sugirió que eliminara una foto de IG, porque, ¡qué horror!, la cantidad de likes que había recibido no era ni por cerca aceptable.

Tenemos calculados nuestros mejores ángulos, las comidas o los deportes cool, los días y las horas indicadas para publicar una imagen… en fin, prácticamente todo. Y pensando de esta manera caemos en la cuenta de que la imagen que aceptamos, aquella que es digna de ser publicada, es la que nos muestra como perfectos, felices, sin sombras, sin odiosas contradicciones. 

Ser o no ser

Leía en aquél mismo libro otra frase que decía “la primera condición para influir positivamente en el mundo es aceptarnos como somos”. Y me pareció una frase tan actual como radical. “Aceptarnos como somos”, no “aceptar la imagen de lo que creemos que somos o queremos ser.” Para no caer presos de nuestra imagen, primero hagamos las paces con nosotros mismos. Seamos auténticos, sin importar el número de likes, el número de seguidores o los comentarios. Seamos auténticos en carne y hueso, más que en digital. Verdaderamente, son los genuinos, los que cambian el mundo, los que lo mejoran, los que lideran. Se trata de personas tan auténticas, que poco tiempo les queda para pensar en cómo aparecen a los ojos de los demás. Al final, nos daremos cuenta de que disfrutaremos más la vida si vivimos sin importar el qué dirán.